
Realizo estos dos carteles, en diferentes momentos pero para un mismo fin, representaciones gráficas sobre Andalucía, entrelazan la cultura y el pueblo —arte y política— bajo una diagonal blanca, parte central de su bandera. No solo evocan el Día de Andalucía, sino que reivindican la cultura y la política como pilares esenciales de nuestra identidad y herramientas necesarias para la convivencia en comunidad.Las dos imágenes, creadas para el "Día de Andalucía" desde esas dos perspectivas, fundamentales para cualquier sociedad: la cultura, simbolizada por Diego Velázquez, y la política, representada por símbolos de la lucha del pueblo por sus derechos y su autonomía.
Cultura y política: pilares de la civilizaciónLa cultura es el reflejo del pensamiento, la creatividad y la identidad de un pueblo. En la primera imagen (*Cartel 1), dibujo a Diego Velázquez que representa el legado artístico y visual que trasciende el tiempo, moldeando la percepción de la belleza y la realidad a través de su genio pictórico. La literatura, el arte y la educación generan una conciencia crítica, preservan la memoria histórica y transmiten valores esenciales para la evolución de cualquier sociedad. Por otro lado, la política es el espacio donde se toman decisiones que afectan a la comunidad en su conjunto. La segunda imagen (*Cartel 2) representa la lucha por la autodeterminación, la justicia social y la democracia, pilares de cualquier sociedad libre. Sin política, las ideas culturales quedarían como meros ideales sin capacidad de transformación.
Importancia para la humanidad y las institucionesToda persona, ya sea un individuo, una autonomía o una institución, necesita tanto de la cultura como de la política. La cultura permite comprender el mundo, conectar con la historia y proyectar el futuro. La política, en cambio, define las estructuras que permiten materializar estos valores en derechos, deberes y libertades. Sin cultura, la política se vacía de sentido; sin política, la cultura pierde su capacidad de influir en la realidad. En el contexto andaluz, estas imágenes reflejan la necesidad de mantener un equilibrio entre la riqueza cultural y la lucha política por los derechos y la identidad. La cultura nutre el espíritu de las sociedades, mientras que la política las organiza y les da dirección. Ambas son indispensables para la existencia de un pueblo libre y consciente.
Siempre he sentido el privilegio de ser raíz en las tierras que me vieron nacer, eco en las calles que me criaron y alma en los rincones donde me forjé. Este arraigo múltiple me lleva a mirar cada lugar con admiración, a abrazar sus matices con respeto y a reconocer en su esencia un reflejo propio. No comparo, no distingo, solo camino con el deseo de ser parte de todas ellas.

Sin embargo, hoy en día, estos dos pilares de la civilización están siendo debilitados por gestores y políticos que carecen de la preparación, el conocimiento y la visión necesarios para fortalecerlos. La cultura ha sido relegada a un segundo plano, tratada como un producto de consumo inmediato o una herramienta propagandística, perdiendo su verdadero valor como elemento transformador de la sociedad.Por su parte, la política se ha convertido en un espectáculo mediático donde el discurso vacío prima sobre la acción real. Lejos de garantizar la justicia social y el bienestar común, muchos políticos priorizan sus propios intereses o los de grupos de poder, dejando a un lado el verdadero propósito de la política: servir al pueblo.Cuando quienes administran la cultura no comprenden su profundidad ni su impacto, y cuando los políticos legislan sin un proyecto sólido basado en el conocimiento y la responsabilidad, se produce un deterioro que afecta a toda la sociedad. La falta de visión y preparación en ambos ámbitos impide el desarrollo de políticas culturales y educativas que permitan formar ciudadanos críticos y participativos.Es urgente recuperar la esencia de la cultura y la política como motores de cambio, alejándolas de la mediocridad y la manipulación. Solo así podrán volver a ser los pilares sólidos sobre los que se construye el futuro de una sociedad libre, consciente y con verdadera autonomía.
Día de Andalucía: cultura, diversidad y mestizaje como legado y futuroEl Día de Andalucía, más que una conmemoración institucional, es un recordatorio de la identidad, la historia y la riqueza cultural de un pueblo que ha sido crisol de civilizaciones. Desde la Bética romana hasta Al-Ándalus, desde la influencia sefardí hasta el carácter atlántico y mediterráneo, Andalucía ha sido siempre un punto de encuentro donde la diversidad no solo ha existido, sino que ha florecido.La cultura andaluza no es un simple folclore, ni un conjunto de tradiciones estáticas; es un organismo vivo, en constante evolución, que ha absorbido influencias y las ha transformado en una identidad única. Su literatura, su música, su arte, su arquitectura y su forma de entender la vida han trascendido sus fronteras y han marcado profundamente la historia de España y del mundo. El mestizaje ha sido siempre su mayor riqueza: el legado árabe en su lengua y su poesía, la herencia sefardí en su música y su gastronomía, la esencia gitana en el flamenco, la impronta cristiana en su arte y su espiritualidad.Pero esta diversidad no es solo un reflejo del pasado; es una herramienta de futuro. En una época en la que el pensamiento único y la uniformidad amenazan con empobrecer la identidad de los pueblos, Andalucía debe reivindicar su esencia mestiza como símbolo de apertura, integración y resistencia cultural. Su riqueza no reside en una única raíz, sino en el entrelazado de muchas.En este sentido, la política debería ser un vehículo para proteger y potenciar este patrimonio. Sin embargo, el desconocimiento o la falta de voluntad de quienes gestionan la cultura han provocado una visión reduccionista y superficial de lo que significa Andalucía. Convertir su legado en mero reclamo turístico o en bandera de discursos vacíos es una traición a su verdadera esencia.De la misma manera, es fundamental señalar la absurda rivalidad entre autonomías que, lejos de fomentar el crecimiento conjunto de los territorios, alimenta una competencia estéril basada en agravios históricos mal gestionados. En lugar de entender la diversidad territorial como una fortaleza, se ha convertido en un campo de batalla donde cada región parece querer imponerse sobre la otra, como si la identidad de una dependiera de la negación de la otra. Andalucía no necesita enfrentarse a otros territorios para reafirmarse, ni ser medida en función de centralismos o privilegios ajenos. Su grandeza ha residido siempre en su capacidad de absorber influencias sin perder su esencia, y esa misma actitud debería imperar en la convivencia entre comunidades: la diversidad como riqueza y la colaboración como camino.El Día de Andalucía no debe ser solo una fecha de celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre el papel de la cultura y la política en su desarrollo. Es un día para recordar que la identidad andaluza no se defiende con símbolos vacíos, sino con el conocimiento profundo de su historia, con la protección de su diversidad y con la construcción de un futuro donde la cultura sea un pilar real y no una herramienta de manipulación.Andalucía no es solo pasado, ni solo presente; es una idea en movimiento, un testimonio de que la convivencia de culturas es posible y que la diversidad no debilita, sino que fortalece.
La absurda rivalidad entre provincias andaluzas: un obstáculo para la identidad comúnAsí como la confrontación entre autonomías ha sido un lastre para el desarrollo de un país unido en su diversidad, la rivalidad entre las provincias andaluzas es otro de los grandes errores en la percepción de la identidad andaluza. En lugar de asumir la riqueza de cada una como parte del todo, muchas veces se cae en una absurda comparativa donde cada provincia parece mirarse en el espejo de la otra —o de la capital andaluza— en una lucha por reivindicar privilegios, reconocimiento o supuestas injusticias históricas.Esta competencia interna, lejos de fortalecer Andalucía, la divide. Córdoba, Granada, Málaga, Cádiz, Sevilla, Almería, Huelva y Jaén no deberían verse como rivales en una carrera por liderar el reconocimiento andaluz, sino como piezas fundamentales de un mismo puzle. Cada provincia, con sus peculiaridades, fortalezas y defectos, suma a la identidad colectiva. La riqueza de Andalucía radica precisamente en que ninguna provincia es igual a otra: su diversidad de paisajes, acentos, tradiciones y economías es lo que la convierte en un territorio único.Sin embargo, el discurso de la comparación perpetua ha generado resentimientos innecesarios. Ciudades que se sienten eclipsadas por Sevilla, provincias que creen estar marginadas en inversión o reconocimiento, debates sobre qué legado histórico tiene más peso… Todo esto desvía la atención de lo verdaderamente importante: Andalucía no necesita competir consigo misma, sino reconocerse en su pluralidad y aprovecharla como fortaleza.En lugar de mirar con recelo el crecimiento de una provincia respecto a otra, la verdadera reivindicación debería centrarse en la cooperación y el equilibrio. No se trata de que todas sean iguales, sino de que todas puedan desarrollarse desde su propia identidad, sin depender de comparativas ni agravios. La riqueza de una provincia no debería verse como una amenaza para la otra, sino como un reflejo del potencial que todas comparten.Así como Andalucía ha sido históricamente un puente de culturas y una tierra de mestizaje, su unidad no puede basarse en la uniformidad, sino en la aceptación de su diversidad. Las provincias andaluzas deben comprender que su grandeza no está en competir entre sí, sino en complementarse. Cada una aporta algo distinto, y es en esa suma donde reside la verdadera fuerza de Andalucía.
Siempre he sentido el privilegio de pertenecer a los lugares que han tejido mi vida. Por circunstancias, nací en Sevilla, me crié entre los vientos de Málaga, de cara al Levante, Fuengirola de mis amores, hasta los 17, y fue de nuevo Sevilla quien me vió desarrollarme. Entre ambas guardo raíces y afectos, familia y memorias, vivencias y recuerdos,... mientras que el resto de Andalucía se dibuja en mi camino con cada visita, cada encuentro, cada rincón admirado. No comparo, no distingo; en cada provincia hallo un reflejo que aporta y suma, una historia que me acoge, como su gente y un latido al que me entrego con respeto y reconocimiento. ¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad! ¡Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!Víctor Pérez
* Artículo creado para Asociación Cultural Espacio 10 Sevilla
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